modorra
Cuando se tiene sueño no se puede pensar.
Cuando se tiene sueño no se puede pensar.
6:55- Soy una caliente pelota aletargada, sucia y despeinada.
7:00- Soy una pelota sucia y despeinada de mala leche
7:10- Soy un jorobado sin cara, sucio, desnudo y destemplado
7:15- Soy un caracol de mar que empieza a salir de la cáscara cuando nota la humedad.
7:20- Soy una cabeza vacía convertida en alcachofa azul (color de mi toalla)
7:25- Soy una mezcla de cremas, perfumes y desodorantes
7:30- Soy una eva confundida delante de un armario desordenado
7:35- Soy un primate intentando comprender de nuevo el funcionamiento de mi cafetera
7:40- Soy un náufrago que ve un café con leche y pan tostado por primera vez en 10 años
7:45- Soy un camionero que fuma el primer cigarro del día
7:50- Soy una locomotora queselavalosdientescogeelbolsoycorrehacialapuerta
7:55- Soy una figura larguirucha que retaconea esquivando coches
8:00- Soy una recepcionista guapísima y encantadora que sonríe a todo el mundo.
Gelatina en tus pupilas, que me recorrían sin fijarse, se despistaban y se perdían. Mis manos retorcidas ancladas a la cintura, no era capaz de ofrecerte las palmas. El sonido del extractor en un vacío incómodo.
Por qué todavía pensábamos en el ayer. El sufrimiento no perdonado retorna como el frío en cada invierno.
Con un pequeño empujón por la espalda recorrería esos larguísimos centímetros que me separan de ti. ¿Necesitaremos cueda?
Lo único radical que tiene mi ciudad es el clima: durante seis meses casca un frío siberiano con noches de hasta 60 días, y durante los otros seis se derrite el asfalto. Por el resto se queda en todo a medias tintas.
Está a cien quilómetros del mar, y a otros cien de la montaña. Enclaustrada en ese pequeño hoyo, se sabe que los años pasan por el cambio de estación. Todo lo nuevo la asusta, pero más terror le causa reconocer que da la espalda al futuro, así que mi ciudad intenta ser moderna mientras se viste de fiesta los domingos para ir a la iglesia.
El dinero alarga mucho, y no sólo por que todo es barato, sino por qué nadie está acostumbrado a gastar nada. En ningún restaurante encontraréis menú, por qué todo el mundo come en casa. Los neones del multicine enloquecen en la punta de una larga y antigua calle que hace las veces de centro social y comercial.
Los que la visitan no saben ver su belleza, pero mi ciudad tiene sangre de agricultores y ganaderos, de personas que murieron trabajando.
Una vez al mes, cuando el tren llega a la estación, pego la nariz al cristal, y ella abre los brazos como una madre que celebra mi regreso.
este post va dedicado a Raydigon, dado su interés por mi ciudad-pueblo
Siete de la mañana. Los coches más madrugadores rugen hace rato bajo mi ventana. Me desperezo consciente de haber dormido un montón y, con los ojos todavía cerrados, esbozo una sonrisa.
Es lunes. El día más duro, dicen, pero esta vez me he cargado muy bien las pilas y voy a hacer de la semana una carrera de fondo, parándome a repostar. Los secretos de tan buen humor: descanso físico y mental combinado con buena alimentación. Si es que a veces nos olvidamos de una verdad fundamental: cómo estés de físico estarás de moral.
Y así me he levantado hoy, como si me hubiese pasado dos días dentro de una cálida cáscara, de la que salgo para ir a trabajar, feliz, con mis mejores galas.
Os dejo con la revelación de mi secretito para comer bien: coger un montón de verduras: calabacín, patata, cebolla, zanahoria, calabaza, guisantes y judías verdes. Hervirlo todo durante media hora. Triturarlo sin piedad con una pizca de sal y un poco de agua del hervido. Llenar del puré dos jarras de litro y meterlas en la nevera. Ya veréis que bien que os sienta un platito de puré a la comida y a la cena con algún acompañamiento, preferentemente un poco de proteína para compensar. ¡Más fácil y rápido imposible!
Hoy ha parado de llover después de cuatro días muy intensos. Un solecito muy dulce entra por la ventana de al lado del fax, y me saluda haciéndome saber que cuando salga de esta cueva me aguarda un día estupendo.
De compañera de despacho tengo una planta enorme, una enredadera. Cuando llegué estaba muriéndose. Unos pocos mimos durante dos meses han conseguido que esté preciosa. Y hoy sonríe. Alarga la punta de sus hojas para acariciar la luz a la que echaba de menos. Yo asisto al reencuentro de los amantes.
Me siento feliz. No voy a permitir que se desperdicie este fin de semana. Todos los besos que he estado guardando en el cajón se escaparan del encierro y correrán a tu encuentro bailando como una tribu aborigen.
Mis jefes (por qué, como siempre, tengo varios) padecen serias enfermedades mentales, que se manifiestan varias veces a lo largo del día.
Tienen la necesidad de que la gente les quiera. Son amables, comprensivos, atentos a causa de una clara inseguridad en su capacidad de crear empatía y recibir estima. Después se revela el sentimiento del premio merecido. Cuando empezaron a trabajar tuvieron (seguro) jefes déspotas, y por fin pueden hacer realidad eso de
cuando yo sea jefe también haré lo que me dé la gana.
Más tarde despierta el dormido recuerdo de las pelis de detectives de veían de pequeños, y empiezan a intentar espiar mis movimientos, lo que hago y lo que dejo de hacer.
Cuando se dan cuenta que no son capaces de descubrir nada por sí mismos, usan el poder de control: enséñame las listas de no-se-qué, quiero ver cómo llevas el tema de no-se-cuántos
En estos momentos hay el peligro, depende de cómo contestes, de que se sientan amenazados y levanten la voz para recordar algo muy evidente: quien es el jefe.
Y al cabo de un rato, descubren que tengo una cintura estupenda y mientras me hablan su boca dice una cosa y sus ojos otra.
Pobrecillos, se deben gastar su sueldo entero (por cierto, 7 veces mayor que el mío) en terapias.
Desde que me compré mi primera falda por encima de la rodilla mi vida ha sido un constante aprendizaje acerca de ciertas cuestiones ocultas. Uno de mis mayores y sorprendentes descubrimientos es que las pollas son como las caras, no hay dos iguales.
Parece una obviedad, pero es un hecho que continúa sorprendiéndome.
Tuve un amigo que la tenía muy divertida. Era delgada, larga y asombrosamente torcida, tanto que algunas posturas resultaban imposibles. A veces me sentía como si chupara una piruleta de la tienda Disney con forma de Pluto.
Otro amante con el que pasé el rato tenía el pollón y el ego más inmensos que he visto en mi vida. Lo más divertido fué el día que me sugirió practicar sexo anal. La carcajada que solté resonó hasta Singapur.
Contacté con un muchacho orgulloso de su trofeo. Lo llamaba Decker, por Black & Decker, la famosa perforadora. Cabe decir que no sé si le faltaban pilas, pero a la segunda tanda la perforadora se deshinchó como un globo viejo.
Un rudo chavalote me sedujo con su mirada. El machote tenía un pollín chiquitín al que, desde luego, sabía sacar el máximo partido. Quedé gratamente sorprendida.
Ahora he encontrado una joyita, ni enorme ni chiquita, con una ligera curvatura que permite que roce deliciosamente con mis zonas más excitables. Creo que se podría decir que es ERGONÓMICA. Desde luego la naturaleza es sabia.
Lo bueno de una maldad, o de algo que no te conviene, es hacerlo muy esporádicamente. Que se trate de una propuesta inesperada, de un gusanillo que te da emoción, de algo que recuerdes los próximos días o quizás años con una sonrisa.
Lo malo es que ese gusanillo de la emoción puede resultar adictivo, y más cuando tu vida no tiene emoción por si sola. Como más frecuente es la maldad, más pequeño se vuelve el gusanillo y más grande la culpabilidad. Cada vez más.
Pero a pesar de que lo sabes te engañas. Después de toda la semana trabajando, sin compensaciones de ningún tipo, piensas que buscando al gusanillo el fin de semana mejorarás algo. Y lo que consigues es pensar domingo por la noche: vaya mierda de fin de semana perdido.
Somos idiotas. El rey mató a la gallina de los huevos de oro por qué quería más, y se quedó sin huevos.
Hay palabras que son imanes para nuestra atención. Cada persona tiene las suyas propias, en medio de un rumor de palabrerío conseguimos discernir alto y claro nuestro propio nombre, como si se hubiese dicho por altavoz. Imposible no girarse e intentar oír el resto. Y así con el nombre de hijos, padres, mascotas o gente que nos cae especialmente mal.
Existen otras palabras, sin embargo, que poseen un poder mucho más basto y espectacular. Universal. Hay centenares de ellas, incluidas cada una en un enorme grupo. Nos atraen especialmente aquellas relacionadas con muerte y violencia, y cuanto más truculentas mejor: cadáver, sangre, descuartizar, disparar, apuñalar, vísceras, asesino, etc.
Otro grupo muy resultón es el del sexo, por si sola la palabra ya capta la oreja, pero imaginad que oís por casualidad alguna de estas en el trabajo: bragas, follar, tetas, clítoris, semen, me pone, lubricante, orgasmo, amante, vibrador, etc.
Finalmente, los retazos de nuestra infancia y buen decoro se sienten atraídos por vocablos tan simples como: caca, mear, moco, escupitajo, flema, pedo, peste, vómito, diarrea, y otras tantas.
Claro ejemplo de que lo prohibido o lo mal visto es lo que más nos atrae, pero no por qué tengamos las mentes perturbadas. Es algo más simple. El afán de conocimiento del ser humano: saber, saber, saber. Si algo está oculto significa que hay información que no está a nuestro alcance, y que no lo estará nunca, y nos rebelamos contra esta tiranía de la ignorancia.
Es algo a tener en cuenta. La caca no es algo sucio o vergonzoso. La caca es el conocimiento que aspiramos alcanzar.
Pollo agridulce (10 minutos)
Se compra la carne de pollo fileteada, y se corta a tiras largas. Calentar la sartén a fuego medio con una cucharadita de aceite de oliva. Se echa el pollo con sal y perejil y se remueve 5 minutos. Un chorrito de vinagre y otro de miel en este momento harán las mil maravillas, lo dejáis reducir unos minutitos y a comer bien caliente!!!
Pollo cervecero (60 minutos)
Esta vez se necesita una pierna de pollo bien hermosa por persona. En una cazuela a fuego medio con aceite abundante se le pone un ajo entero y las patas salpimentadas. Al cabo de media hora, cuando empieza a estar bien dorado y cocido por dentro se le echa sin miedo una lata entera de cerveza por cada dos patas. Se deja reducir media hora y prepararos para mojar pan!
Pollo tabernero (20 minutos)
Os va a salir mejor con pechugas. Dejad pochar unas tiras de cebolla en escaso aceite. A media cocción, echadle el pollo salpimentado. Cuando esté cocido, una copa de vino tinto. Esperar cinco minutos y acompañar el plato con el resto de la botella.
Pollo con salsa de queso (20 minutos)
El pollo se hace a la plancha con sal y perejil. En una sartén a fuego suave se calienta una nuez de mantequilla y el queso que le queráis poner cortado a pedacitos (recomendación: deben ser quesos blandos, está riquísimo con roquefort, queso azul o queso de cabra de rulo, ya resulta orgásmico dejar caer por ahí unos champiñones). Cuando se hace una pastita se le tira un chorro de nata líquida, un suspiro de pimienta y una punta de sal. Se remueve mientras reduce y se riega el pollo con la mezcla.
Pollo con manzana o pera (40 minutos)
Pedid que os corten el pollo a octavos. Salpimentad los trozos, pasadlos por harina y echadlos en una cazuela con un par de tacitas de aceite. Cuando el pollo esté hecho, se introducen en la cazuela las frutas peladas y cortadas a cuartos con un punto de sal (importante no ser tacaño con la cantidad de fruta, y se agradece si en este momento se le añade una tacita de jerez, cognac o similares), se tapa la cazuela durante 15 minutos y a comer!
Pollo a la naranja (15 minutos)
Se salpimentan unos filetes de pollo y se fríen con escaso aceite en una sartén. A media cocción se añaden unas generosas rodajas de naranja bien jugosa y se dejan quemar cinco minutos. Se añade el jugo de un par de naranjas más, se espera 3 minutos y se le echa dos cuharaditas de maicena. Se remueve hasta que la salsa queda con textura de moco de color naranja y a pesar de la descripción está muy, muy rico (también se puede hacer con limón, pero queda más ácido y la salsa amarilla).
Con las sobras: caldo de pollo (90 minutos)
Si habéis comprado el pollo entero para las otras recetas, podéis aprovechar los restos (huesos, cuello, vísceras, alas) que os queden para hacer el caldo. Poned todos los restojos en una olla bien grande y añadidle todas las verduras que tengaís por ahí (patata, cebolla, ajo, calabacín, perejil, repollo, apio, zanahoria, tomate, pimiento, judías,
lo que haya). Echadle sal, un chorrito de aceite i cubridlo todo con abundante agua. Dejar cocer a fuego lento por lo menos una hora y después colad el caldo. Lo que quede sólido se puede comer si os gusta o , y con lo líquido se pueden hacer sopas muy nutritivas.
Ah! Todas las recetas son mías. Tengo más, pero ya conllevan un poquito más de complicación y de ingredientes. Estas son muy fáciles, baratas y resultonas. Además tienen la ventaja que casi todas se pueden recalentar al día siguiente. A disfrutar, que el pollo no tiene que ser siempre a la plancha o empanado!
tiitiititit...tiitiititit...tiitiititit!
ella - Mmmhhhmm?mmmhhhmmmm!mmmhhhmmmierda!
(triple salto mortal a la ducha)
Fsschhhhh fssschhhh
ella - Joddder puta ducha de mierda fría-caliente. Mecagüenlaleche las toallas están mojadas!!!
él - Mmmmhhh... te has levantado ya mi amor?
ella- Ostia si me he levantado y ya me he duchado y todo!
él (quitándose las legañas)- vale ya voy.
ella- Mierda de cafetera asquerosa que no se calienta. Y no hay mantequilla!!!
(...)
ella- Sólo me faltaba esto... llego tarde!!!
él- No te preocupes, cielo, te llevo en coche.
A veces a mí también se me tiene que aguantar... Gracias cariño! Serán las cosas de la pareja.
El estrés no es más que un estado mental. Es aquella sensación de puño en el estómago que te agarra cuando tienes un día movidito de verdad en el trabajo y todo lo importante sale mal. Cuando tus padres te llaman en plena crisis laboral y te dicen que hoy vienen a cenar y a dormir.
Cuando entonces te das cuenta que estás reventada, pero que tienes el piso hecho una puñetera MIERDA y nada en la nevera. Cuando ves que para dejarlo todo perfecto (limpiar dos baños, una cocina, 4 habitaciones, un comedor, un balcón, poner dos lavadoras), pensar un menú e ir a comprar tienes menos de tres horas.
El estrés es el nerviosismo que te causa todo esto y a la vez es el cabreo que te produce tener que desechar el plan que habías hecho de hacer el amor y dormir toda la tarde.
Pero no es más que un estado mental.
Propósito para la semana que viene: apuntarme a clases de yoga.
Aurora es una chica encantadora. Tiene ese brillo que atrae, esa sencilla belleza que embelesa. Natural, por qué ella es así.
Siempre te escucha con una sonrisa, y cuando terminas, acierta con el mejor consejo.
Su casa es pequeña, pero decorada con tanto gusto y armonía que te quedarías ahí a comer, a cenar, a dormir. Canta como los ángeles, cocina como una abuela, y dicen que hace el amor como una pantera.
Aurora
todo el mundo la adora.
Ayer Aurora apareció descuartizada en el rellano de su casa. Sus ojos, por primera vez inexpresivos. Sus estupendas piernas un piso más abajo. Sus cabellos de oro convertidos en una costra de sangre.
Confesad: ¿quién se me adelantó?
En uno de esos brevísimos descansillos del trabajo que nos concedemos cada dos horas los fumadores, uno de mis colegas suspiró.
- ¿No te gustaría volver a tener 15 años? Salir con los amigos, sin obligaciones, sin estrés
Hubo un momento, cuando me lagrimeaban los ojos por la violencia de mi última y desesperada calada, en el que estuve a punto de decir que sí.
Pero no. ¡Qué coño! Quizás hay gente a la que les haya resultado más fácil, pero a mí crecer me ha costado, y me sigue costando, mucho esfuerzo y muchas lágrimas.
Cuando me hizo esa pregunta fue un poco como si, habiendo ascendido ya mil quinientos metros de una enorme montaña, en el momento que tengo sed, me preguntaran si me gustaría estar al pie de esa fuente del pueblo. Y querría agua, pero no esa, no con todo lo que comporta, no para desandar todo lo andado.
Por qué tengo cicatrices que luzco orgullosa, y todavía me faltan, muchas, que me harán más fuerte y más bella.
No me gustaría volver atrás. Quiero seguir hacia delante, me da miedo lo que pueda encontrar, pero más pánico me produce el quedarme estancada. Así que voy a seguir, ya que me gusta hacerme mayor.
Te encuentras solo, alguien llora de melancolía por ti.
Te sientes incomprendido, alguien suplica en silencio que intentes comprenderle.
Crees que no te aman, alguien sueña con tus besos.
No te llaman, alguien espera mirando el teléfono.
La casa se te hace grande, alguien se siente todavía más pequeño.
Seguro que hay alguien que se muere por qué le mires, le llames, le atiendas. No seas cruel, quizás lo esté pasando peor que tú.
y un día me la dejé.
Hoy os dejo con esta bonita refexión. Os la reescribo por si no la veis bien:
Before you criticize someone, walk a mile in their shoes. That way you're a mile away and you have their shoes too.
Vuelvo de vacaciones y consigo conectarme fácilmente a internet desde mi nuevo ordenador. Maravilla! Pero no todo podía ser tan bonito... las imágenes se ven fatal, las de toda la web, lo que significa que tengo que escoger y colgar las ilustraciones a ciegas, ya que sólo veo un montón de píxels de colores que se confunden unos con otros.
Al principio me he cabreado, pero luego piensas... en la vida apostamos por cosas que apenas intuimos, nos tiramos a piscinas que a parte de agua ni siquiera sabemos si tienen fondo. Y decimos que forma parte de la emoción de vivir.
Yo, como buena gallina, siempre he sido bastante miedosa. Hoy voy a dejar el flotador en casa, ni que sea por una vez y de manera virtual. De veras... le voy a dar a "publicar"
... a pesar de la náusea que siento en el estómago.
Ayer estuve pensando en ti todo el día.
Me depilé, me compré ese tanga que sé que te gustará, y me fui al supermercado a comprar vino, gambas, salmón y fresas.
Estuve cocinando con música, y luego me bañé con sales perfumadas.
Me maquillé un poco, lo justo para que me vieses guapa sin excesos.
Y antes de que llamaras al timbre ya estaba húmeda de pura excitación.
Cuando llegaste me diste un beso rápido. Cabreado, me empezaste a contar que tu vida era una mierda, que no habías cobrado lo que pensabas, que una furgoneta te había roto un intermitente y que estabas cansado, por eso querías ver el fútbol y en lugar de vino preferías cerveza.
A veces, realmente, me gustaría que hubiese una cuerda atada en mi balcón para deslizarme por ella y dejar que la tele escuche tus quejas.