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una gallina quiere volar

John, Yoko y el amor

John, Yoko y el amor

Me he pasado dos días enteros de un dulcísimo letargo hogareño durante el que he dormido cual oso en cueva. En mis largas estancias de sofá me he tragado los mil millones de documentales y reportajes que se han emitido por el 25 aniversario de la muerte de Lennon. All you need is love, la, la, la-la, la... Y le he visto con el pelo largo, corto, con barba y afeitado, con gafas y a ojo desnudo, con Yoko y sin ella.

 

En la seguridad de mi indocumentada ignorancia siempre había creído que Yoko Ono fue el amor verdadero de John Lennon. Tenía una idea romantiquísima de la vida sentimental de Lennon antes de la japonesa: tinieblas; y después de ella: flores y algodones.

 

Cruel destrozo el de mi país de las maravillas cuando salió en pantalla una tal May, que explicaba que, tras dos años de matrimonio, Yoko le pidió... ¡que sedujera a su marido! El resultado es que Lennon vivió durante dos años con May en una playa de California, volviendo al cabo de ese período a New York con su mujer.

 

¿Tengo una idea retrógrada o equivocada de lo que son las relaciones amorosas? Quizás todos estos datos no aporten ninguna certeza sobre su mutuo amor, o tal vez la gran cantidad de fotos de la pareja como estereotipo del enamoramiento no responda más que a una estrategia de marketing.

 

He empezado a dudar. ¿Serán mentira los cuentos de hadas “y fueron felices (y fieles) para siempre”? Si es así, por favor, que me lo digan ¡ya!, y así todavía estaré a tiempo de buscar la felicidad, y no decepcionarme repetidamente como miles de princesas que todavía se preguntan por qué bajaron de su torre.

Evidencia

Evidencia

Sábado al mediodía. Mi gallo llega de trabajar.

 

-          Bufff!!! Cariño, la gente está loca. Faltan más de veinte días para Navidad y no sabes cómo estaban ya las tiendas...

 

De pronto se calló, paró su vista en el árbol, rebosante de lucecitas, bolitas de colores y estrellitas doradas y en la media docena de paquetes envueltos a sus pies. Me miró. Yo, ruborizada, murmuré:

 

- Desde luego, la gente está loca, está loca.

Amor rencoroso

Amor rencoroso

Hace años. Yo era débil. Me callaba todo. Te veía con la cabeza alta, con la sonrisa puesta. Hablabas con los demás, te tocabas el pelo. Yo quedaba siempre a tu espalda. Me enamoré de ti. Y lo sufrí. Lo arrastro desde entonces.

Si no hubieses tenido la carcajada blanca, esa manera de tocarte la barbilla, la tez morena y la mirada brillante nada de esto habría pasado. Y yo sería diferente: no me daría miedo amar.

Instinto

Instinto

Volvía ayer sentada en el metro. Miraba como siempre el reflejo de mis ojos en la ventana e intentaba adivinar si estaban tristes o simplemente cansados. En la parada siguiente entraron dos cachorrillos humanos de unos seis años, la edad que más me gusta. Estaban compitiendo para ver cual de los dos dibujaba mejor la figura de un vampiro.

Eran unos dibujos preciosos. Los niños, muy serios, discutían defendiendo cada uno su estilo pictórico, dándose largas y razonadas respuestas. Su madre los atravesaba con la vista con una mirada indiferente y perdida.

Estuve a punto de decirle: "¡despierte, señora! ¿No se da cuenta de los hijos maravillosos que tiene?"

Se bajaron al cabo de un rato. Me quedé con la sonrisa puesta y un vacío en el útero.

Lávate la cara

Lávate la cara

Ando un tiempo que no soy feliz, y objetivamente no le veo el motivo. Por eso voy a hacer una lista de cosas que creo que me harían mejorar substanciamente:

- Pagar mis deudas

- Hacer aquellas llamadas que nunca hago y debería: cambiar los recibos de número de cuenta, pedir hora al dentista, llamar a mi madre, a aquella amiga de hace tanto tiempo...

- Nada más cobrar, administrar mi dinero de manera estricta: tanto para la compra, tanto para el tabaco, tanto para la casa, tanto para...

- Tomarme el trabajo con más ganas i humor para así ganar más dinero (qué triste es ir a comisión)

- Dejar de drogarme, sobre todo por el dinero.

- Ir a mis clases del sábado por la mañana (que no me gustan nada ni me hacen feliz, pero con las que debería esforzarme unos meses)

- Buscar más trabajo para ganar más dinero y, junto con una buena administración, ahorrar (cosa ab-so-lu-ta-men-te imposible en mi)

- Ahorrar (otra vez) para poder hacer un viaje con mi pollo

- Ahorrar (otra vez) para buscar un piso decente

- Cuidarme un poco más, por qué últimamente estoy fea

- Tener la casa más limpia y ordenada

- Cuidar a mi pollito, que noto que languidece

Pensaba que esta lista iba a mejorar mi humor pero... eeeehhhh!!! Que no cunda el pánico!!! Os prometo que mejoraré en seguida!!! O por lo menos voy a intentarlo.

¿Todo es una mierda?

¿Todo es una mierda?

Llego a casa con las axilas sudadas y los zapatos en la mano. Me derrumbo en el sofá con el abrigo puesto y el bolso colgando. Enciendo el cigarrillo que cuelga de mi boca. Todo es una mierda. Y recuerdo lo feliz que era hace un año, cuando me sentaba fumando en el sofá y pensaba que todo era una mierda. Y entonces me imaginaba mi situación actual, estando segura de alcanzar la felicidad.

 

¿Por qué ahora me parece que antes era feliz? ¿Por qué antes estaba segura de que ahora lo sería?

 

Y es que a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor... Creo que no, a nuestro parecer cualquier tiempo futuro será mejor. A veces me entran ganas de darme un par de ostias y gritarme “¡Despierta, despierta de una vez holgazana estúpida! Mira a tu alrededor y date cuenta de la hermosura que te rodea, de la preciosidad que eres, de la suerte que tienes”.

 

Lo que realmente es una mierda es estar sentada en el sofá pensando que todo es una mierda, cuando en esos minutos podría estar cocinando, haciendo el amor o escribiendo la bonita novela que jamás he empezado.

El efecto narcótico de la comida

El efecto narcótico de la comida

 

¿Qué es esa modorra tan dulce que entra después de comer, ese bienestar, esa magnanimidad? La comida nos produce un efecto narcótico similar al de una droga. La sangre acude en tropel a nuestro estómago, dejando las extremidades frías y sin fuerza, y el cerebro a un 50% de su capacidad. Pero ¿realmente el desplazamiento sanguíneo es la única causa de la tonta felicidad que nos arrolla? Tengo la teoría que al comer, y dependiendo de la ilusión con que comamos, se estimulan algunas glándulas desconocidas de nuestro cuerpo que liberan algún tipo de enzima que nos produce este dulce y repaposo bienestar. De ahí también el peligro de adicción de la comida. Pero que difícil llegar a un límite cuando nos llevamos algo a la boca tres veces al día...

Peli mala con tráiler engañoso

Peli mala con tráiler engañoso

A los 3 años posaba estupendamente para las fotos: “esta niña será modelo”.

 

A los 6 gané un concurso de dibujo: “está claro: ilustradora”

 

A los 9 me dieron un papel solista en el coro: “será cantante y actriz”

 

A los 11 medía 1,70 metros: “medirá 1,85”

 

A los 12, 13, 14 y 15 me dieron el primer premio de literatura: “publicará un libro precoz”

 

A los 16 ayudé a organizar unas jornadas internacionales: “diplomática”

 

A los 18 entré en la universidad: “tendremos a una mujer de provecho”

 

A los 21 empecé mi segunda carrera: “futuro meteórico”

 

Cuando terminé no encontraba trabajo y me faltaba el dinero, no fui modelo, ni ilustradora, ni cantante, soy poco más alta que a los 11 años y jamás he publicado un libro. Y siguen diciéndome “nena, tú vales mucho”. ¿No se han cansado de decepcionarse?

Querida abuelita de lápida fría...

Querida abuelita de lápida fría...

Ayer fui a ver a mis difuntos. Toda una saga de abuelos, bisabuelos y tatarabuelos recibieron mi visita y la de los parientes vivos.

 

El cementerio parecía una fiesta, más la inauguración de un centro comercial que un lugar de reflexión. ¿Muerte? En todo el año no habían estado esas tumbas tan limpias ni llenas de flores frescas, las calles tan llenas de gente, los muertos tan vivos en la memoria.

 

Es el reencuentro de uno con sus ancestros, es la tradición, el recuerdo, el encontrar las raíces. Es ver nuestro pasado y también nuestro futuro, dónde caeremos, hojas, al marchitar. Es hermoso. Es paz.

 

Por la noche encendí una vela roja en el salón. Para indicar el camino a los espíritus queridos. Ellos no me impidieron visitarles por la mañana, justo era dejar que entraran en mi casa por la noche con su susurro fantasmal y esa aura de ángeles de la guarda que me arroparon en cariño del más allá.

Intento comprenderme

Intento comprenderme

-          Siento tanto no poder pasar este día tan especial contigo... pero llegaré pronto, te daré muchos besos y te traeré un pastel de fresa para compensarte. Por qué tú eres la persona más importante para mí.
Llegué tarde, tardísimo, cuando estaba en la puerta caí en la cuenta que se me había olvidado el pastel, y que mi aliento olía a ajo y a tabaco.

Y lo peor es que sí eres la persona más importante para mí... después de mi misma. Me di cuenta de ello con las llaves en la mano, a punto de entrar en el portal. Me decepcioné. Me pregunté si me habría resultado tan difícil esforzarme para ti, acordarme de lo prometido y desear cumplirlo.

Y medité. ¿Realmente estaba decepcionada por qué no soportaba dañar a quién quería? ¿O, simplemente, me amonestaba por mi estupidez poco práctica (tener que aguantar tu mala leche –totalmente justificada- toda la noche)?
Intenté hacer un examen de conciencia, dictaminar qué parte de amor había en mí, y qué parte de egoísmo. Y no conseguí discernirlo. Todavía lo estoy  analizando, y a veces me parece una cosa; un poco más tarde la contraria. Dudo de la pureza literaria de los sentimientos ¿es posible hacer un proceso químico-biológico en el qué, por decantación o filtración, logremos desenmarañar los miles de hilitos de pequeñas razones que dirigen nuestras actitudes?

¿Manual de instrucciones?

¿Manual de instrucciones?

Si estoy rancia será por qué me siento derribada. He pasado 13 horas fuera de casa, en las que no he tenido un momento de respiro. Tengo el cuerpo sudado y dolorido, la lengua plana, los ojos hundidos. Me apetece acurrucarme al lado de un cuerpo caliente que me abrace y que me mime.

 

Cuando estoy así, me duele ver que en tus ojos brilla el deseo y juntas las piernas para disimular la hinchazón de tu sexo. Me duele que empieces a tocar mis genitales secos y dormidos, cuando sabes bien que no es así como van a despertarse.

 

Entonces me pregunto si realmente hace falta que te explique que la llave que abre mis piernas está en los besos, los lametones, los pequeños mordiscos y las caricias. Me pregunto si no lo sabes o si, simplemente, te da demasiada pereza gastar pasión y saliva.

quien mucho abarca...

quien mucho abarca...

Abrí la puerta y las vi: unas preciosas anillas de colores. Cada una distinta, y todas muy atrayentes. Empecé probándome una con la etiqueta “un trabajo full time apasionante y poco lucrativo” y me sentí bien con ella, así que, sin quitármela, decidí ponerme también la de “clases por la tarde” al sentir una cierta nostalgia de mis tiempos mozos. Una anilla muy brillante “trabajo autónomo desde casa” me llamó la atención, y también otra más delgadita llamada “trabajo sin cobrar pero muy divertido”, de manera que me introduje en ambas. Un aro muy chiquito “estudiar el fin de semana” pareció que no me iba a molestar mucho y, al girarme vi los otros a los que no quería renunciar “relación de pareja apasionada”, “casa limpia y ordenada”, “cocinar cómo una abuela”, “contacto con familia extensa” y “vida social a la última”. El resultado lo veis en la foto.

Perseguida

Perseguida

Ya sospechaba yo que algo no andaba bien. Últimamente la gente me miraba raro y, claro, yo sólo me fijaba en si llevaba la bragueta abierta.

Ahora resulta que tenemos la gripe. ¿Y qué hacen? ¿Meternos en camita? Nooooooo... ¡ANIQUILACIÓN! Les parecerá bonito...

Nada más decir que mi gallo se constipó ayer y, siguiendo sabios consejos, quise darle sopa de pollo. ¿Os podéis creer que no la quiso? Contaminada, dijo.

Mirad, yo no sé que opinaréis vosotros, pero primero las vacas locas, luego la peste porcina, los parásitos del pescado y ahora la gripe del pollo... Al final tendremos que comernos los unos a los otros y si no, hacer lo que yo: compro en la carnicería de toda la vida lo que me da la gana, por qué no quiero que otros me digan como tengo que alimentarme. Nunca me ha pasado nada. Me gustan las proteínas, y si no las tomara no tendría este culo tan enormemente estupendo!

Blanca y pura

Blanca y pura

Así es como me gusta vestirme cuando tengo la regla. De una forma extraña evito el color rojo y negro en estos días y me inclino por los suaves tonos pasteles. Dejando en el armario la ropa ceñida, me adorno ibizenca y vapososa.
Debe de ser por qué ya me siento lo bastante roja, granate, marrón y negra por dentro. Cuando tienes la regla todo se hincha y duele. Mis pechos, suaves melocotones, son ahora pesadas calabazas, tengo la barriga empachada y hermosas decoraciones cutáneas se revelan contra el adjetivo “juvenil” del acné. Debajo de los ojos, una profunda sombra me da un aire vampírico.
Por si eso fuera poco, la regla no fluye como un poético río de sangre brillante, si no que cae en oscuros borbotones descompuestos, que se secan y se pegan desprendiendo un intenso hedor de herrumbre y de bicho muerto.
Muy pocos saben, además, que la menstruación revuelve los intestinos, haciendo de la descomposición la mejor compañía de la sangre. Por eso, cada vez que vamos al baño aprovechamos para cagar, mear, cambiarnos el támpax, la compresa, lavarnos las manos (obviamente) e intentar pasar el dolor con estupefacientes, ya sean legales o no.
De todas formas, estar de mala leche cuando se sufre este pequeño calvario es una estupidez. Al fin y al cabo, al mes siguiente nos toca lo mismo. Lo mejor es aprovechar las múltiples ventajas. Una de ellas es la alta permisividad de nuestras parejas, te pasas 4 días como si estuvieses preñada, con una carita de “cómo sufro” se les caen los calzoncillos. A diferencia de llevar un niño dentro, con la regla puedes tomar todo tipo de sustancias con la excusa del efecto analgésico.
Otra ventaja que no se puede dejar pasar es la gran sensibilidad que nos arrolla para hacer el amor muy suavemente (o más salvajemente) con los bajos hinchados y extralubricados. Eso sí es una gozada.
Y cuando tenemos la regla somos nosotras mismas más que nunca, se nos caen las corazas, lloramos como magdalenas, comemos bombones y pastel de queso y ¡qué coño! ¡Me gusta!

Golosina matutina

Golosina matutina

Un calor asfixiante en el metro. Por encima del amasijo de cabelleras sudadas le veo. Un estupendo ejemplar de buena constitución. Peinado despeinado, cejas oscuras, nariz griega en tez morena. Tiene los ojos fijos en un folleto de ordenadores y mientras lo mira aprieta suavemente los labios mullidos enmarcados por una hermosa mandíbula. ¡Vaya semental! De repente levanta la mirada. La fija en mí. Y me sonríe.

¿Jugamos?

¿Jugamos?

No comprendía por qué nunca nos poníamos de acuerdo. Quería amor y tú pedías diversión. Y te enfadabas si no estaba dispuesta.
No sabía por qué me tratabas como a un juguete.
Pensé. Lloré. Recordé las veces que yo estaba juguetona. Y me di cuenta que fui yo la que no tuvo en cuenta tus sentimientos desde un principio.
Por eso ahora te pido que olvides esos vacíos y me llenes. Quiero ser tu juguete otra vez.

desajuste

desajuste

- Hola! Necesito mimos.
- Yo también necesito mimos.

Se les deprimió la boca y se quedaron mirándose.

Fiuuuu

Fiuuuu

Con seis años vi mi primera pista de hielo. Tenía los patines en la mano, los agarraba fuerte por los cordones y los iba arrastrando por el suelo forrado de goma, por qué las cuchillas pesaban demasiado.
Mi padre me sentó de cara a la pista, y se agachó para hacer entrar mis pies rebeldes dentro de las botas rígidas mientras yo intentaba avistar la enorme superficie blanca y brillante por encima de su gigantesca espalda.
De un salto me puso de pie. Y me dijo “vamos allá!”. Yo, emocionadísima, intenté andar hacia el hielo. Noté que se me doblaban los tobillos. Asustada, agarré con mi mano entera uno de los dedos de la mano de mi padre.
El primer contacto de los patines con la pista me dio vértigo, resbalé, me precipitaba hacia atrás cuando otra vez esa mano grande como mi espalda sujetó mi caída. Aprendí poco a poco a moverme en ese nuevo ambiente cada vez menos pendiente de ese hombre que sabía que sí estaba pendiente de mí. Y al cabo de una hora patinaba torpemente, pero sola, me reía, me caía y me volvía a levantar.
Después de muchos años vuelvo a encontrarme con algo desconocido y resbaladizo, que me hace mucha ilusión y a la vez un tremendo miedo. Pero mi espalda ya no cabe en la mano de mi papá, y él tampoco está detrás de mí para recoger mi primer espanto. ¿Por qué se supone que tengo que ser ahora más valiente? Si cierro los ojos y dejo de respirar quizás cuando los abra ya estaré riéndome, cayendo y volviéndome a levantar.

Me merezco una medalla

Me merezco una medalla

Queridos/as... este no va a ser un port convencional, no voy a hablar de cosas inconcretas y/o universales. Esta vez simplemente me pongo una medalla. A la perseverancia.
He encontrado trabajo. Un buen trabajo, creo. Por lo menos es de lo mío. Suele decirse que uno no es médico hasta que no ejerce como tal (y cobra por ello), ni muchas otras profesiones. Pues yo, des de la semana que viene cuando me pregunten qué soy podré contestar: "periodista!" por primera vez.
Así que me felicito, me congratulo y no me doy besos por qué no llego. A quién sí se los doy es a vosotros, por la paciencia.

ilusionándome

ilusionándome

Como siempre, ando en búsqueda del trabajo de mi vida o, por lo menos de un trabajo mejor que el que tengo. Este hecho me lleva a enviar currículums a cada oferta de trabajo que más o menos me gusta para ver si hay suerte y un buen día suena la flauta. He ido ya a un montón de entrevistas de trabajo. Cada vez que me llaman para hacer una, mi mente se dispara, empiezo a imaginarme el trabajo maravilloso que me ofrecerán y las perspectivas que se abren delante de mí. Una oleada de optimismo irrefrenable me invade y voy regalando sonrisas por doquier.
Al volver de una entrevista, casi siempre me quito los zapatos antes de entrar en el ascensor, y en el espejo veo unos ojos que dicen que he perdido el tiempo otra vez.
Pero por qué esta semana no va a ser diferente? Quizás suene la flauta, quizás suene